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Qué sí y que no
SALUD SEXUAL

Un abordaje científico

Es frecuente que médicos y sexólogos reciban preguntas de sus pacientes. La más frecuente de esas preguntas es si tal o cuál práctica sexual está bien o está mal. Antes, estas preguntas se respondían prácticamente basados en los gustos del sexólogo. Hoy, existen parámetros internacionales, determinados por autoridades mundiales, que permiten determinar si una práctica sexual- cualquiera que sea- es beneficiosa o dañina para la pareja o para alguno de sus miembros.


En nuestra cultura de occidente los criterios para designar lo que es sano sexualmente fueron impuestos por las autoridades religiosas y morales sin incluir ningún criterio científico.

Múltiples grupos confeccionaban listas sobre las prácticas sanas y las perversas. Desgraciadamente, ese listado hablaba más del gusto de quienes lo confeccionaban que de un criterio científico objetivo. Se llegó a extremos tan inauditos como el de negar la posibilidad de obtener placer a través del sexo.

Uno de los primeros en señalar, de manera científica, las grandes variantes normales de la sexualidad fue Alfred Kinsey, quien, en vez de teorizar y abstraer, se dio a la tarea de preguntar a las personas comunes y corrientes cuáles eran sus prácticas sexuales, sus conductas, sus visiones y sus pareceres.

Curiosamente, aun cuando muchas personas guíaban su vida sexual sobre la base de lo establecido, eran más las que mantenían prácticas sexuales que siempre se habían considerado de manera errónea como raras, obscenas y exclusivas de personas con severos problemas sicológicos.

Todo esto, se inició un verdadero interés por definir realmente cuáles prácticas son normales y cuáles debemos calificar como anómalas o dañinas.

Quizás el criterio más generalizado entre los sexólogos contemporáneos es considerar sana cualquier práctica sexual que se realiza con total consentimiento, sin producir daño, y que resulte agradable y placentera.

Hoy entendemos la sexualidad como un gusto, como una preferencia, como una actividad lúdica en la que, aunque suene un poco atrevido, todo se vale, en el tanto no dañe, no se obligue y sea agradable.

La recomendación para las parejas que quieran convertirse en verdaderos amantes, es dejarse guiar por las señales que emanan del cuerpo, que le den a éste lo que pida y que se zambullan de lleno en la experiencia del placer sexual sin atender a las falsas reglas que han atormentado y atado la vida sexual de la humanidad.

Las personas tienen gustos sexuales muy variados, que lo que para unos es indiferente o hasta repulsivo, puede ser extremadamente grato a otros. De ahí la importancia de conocer las diferentes alternativas que ofrece la sexualidad, experimentarlas y escoger las que resultan agradables para compartir en nuestra vida sexual y, desde luego, entender la negativa de la pareja a realizar aquellas que le resulten poco estimulantes.

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