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…es preciso saber vivir…
VIDA EN PAREJA

Cuando el amor no basta

La verdadera la razón que se esconde detrás de tantos divorcios, de tantas separaciones, de tantos vínculos que esfuman, de tantos sueños románticos que se evaporan y de tantos corazones rotos que deambulan por nuestras calles, es la enorme incapacidad que sufre el individuo de occidente para llevar una vida buena. Para formar una pareja sólida, es preciso saber vivir.

 


DIVORCIO

Recientemente se publicó la incidencia de divorcios en nuestro país. De manera alarmante, la tasa del último año alcanza una cifra récord que ensombrece el futuro de muchas parejas y obliga a las autoridades a cuestionarse el desarrollo del vínculo marital en estos tiempos.

El divorcio, como recurso para terminar un vínculo, es una salida válida y salvadora en muchas situaciones; sobre todo en aquellas donde la violencia y las drogas han satinado la cotidianidad de las parejas. Año a año, contamos con dolor el número de mujeres agredidas y las decenas de niños cruelmente maltratados o victimas de vejámenes sexuales. Es aquí donde sin duda el divorcio representa no la solución del problema pero sí un cese de una dinámica peligrosa.

Sin embargo, estos no son los motivos de la separación en la mayoría de las parejas que se divorcian. De inmediato surge el cuestionamiento:

¿Por qué tantas parejas rompen un vínculo que deliberadamente crearon para siempre?

Algunos estudios mencionan que la primera razón por la cual las parejas se separan, reside en que, en realidad, no debieron casarse. Es decir, que optaron por el matrimonio de manera impulsiva o utilitaria. Así, muchas personas se casan, aun hoy en día, para huir de una dinámica familiar problemática y convulsa. Otros, sobre todo mujeres, ven en el matrimonio una forma de evitar lidiar con los estudios, bajo la premisa que, como ama de casa, me dedicaré al hogar y así no requeriré atestados académicos en mi vida.

Más común y contrario a lo que se cree, muchas parejas optan por el vínculo marital debido al deber y al compromiso que produce un embarazo no deseado, dato que resulta sorprendente en una sociedad como la nuestra, donde los preservativos se venden en las cajas de los supermercados a la par de las mentas y las tortillas.

Es también común el escenario rosa, en el que una pareja de tortolitos totalmente enamorados siente la necesidad imperante de hacer perenne su relación, teniendo a lo sumo unos cuantos meses de conocerse. Esta escena, aunque idílica, suele evolucionar de manera tórpida, cuando la vida y sus adversidades ponen a prueba esos lazos rosa, generando enormes frustraciones y traumáticas desilusiones.

Todas estas situaciones descritas, aunque frecuentes, no retratan la realidad de las parejas costarricenses. La verdadera la razón que se esconde detrás de tantos divorcios, de tantas separaciones, de tantos vínculos que esfuman, de tantos sueños románticos que se evaporan y de tantos corazones rotos que deambulan por nuestras calles, es la enorme incapacidad que sufre el individuo de occidente para llevar una vida buena. Para formar una pareja sólida, es preciso saber vivir.

VIDA EN PAREJA

La cifra de divorcios en Costa Rica ha alcanzado cifras récord, y que, probablemente, año a año veremos como se rompen esas marcas. Insistíamos además, que el fenómeno de la separación de las parejas es más grande que lo que revelan estas cifras, porque no toman en cuenta la enorme cantidad de parejas que se separan, pero que durante años no formalizan el divorcio.

Ante este panorama, hay que recordar que la mayoría de las parejas se separan después de años de enardecidas discusiones, de enfrentamientos y disputas que se toleran en el nombre del amor que se profesan. Curiosamente, los estudios indican que muchas veces los temas en disputa no son tan importantes, pero la forma en que se enfrentan estas desavenencias suele ser devastadora. Es decir, peleamos por cualquier cosa y lo hacemos de manera hiriente e insultante.

Esta mala costumbre con el tiempo construye escenarios bélicos aptos para discutir por cualquier cosa y de manera artera. Sin saberlo y sin quererlo, las parejas aprenden el arte de dañarse mutuamente, dónde, cuándo y cómo darle por donde más le duele al otro. Después de cada disputa, de cada discusión, de cada pelea, los destrozos emocionales son enormes, el recuento de los daños es desmedido.

Por otra parte, el tiempo que dura la pareja para superar las discusiones se va prologando. Al inicio, basta una lágrima y una sonrisa para dar por terminado el desacuerdo; posteriormente, las discusiones se alargan y llega el momento en que comprometen la noche. Esto es de capital importancia, porque aquellas discusiones que provoquen que las parejas se acuesten enemistadas, que duerman espalda con espalda, que pasen la noche con el disgusto y el sinsabor; son más destructivas y muchas veces internan a las parejas en el camino de la separación.

En las primeras discusiones que enfrentan las parejas, el sexo puede ser una buena forma de superar la confrontación. Pero al cabo del tiempo, el sexo se convierte más bien en parte fundamental del arsenal bélico, en un arma estratégica. Cada discusión propicia un distanciamiento sexual, que se prolonga hasta que suceda la reconciliación y que va minando el potencial sexual de la pareja.

Ante ese panorama, el temor se apodera de ambos miembros de la pareja. Ya se tienen cuidado. No quieren comprarse una discusión porque saben que les costará estañones de dolor y de amargura. Los temas urgentes y prioritarios suelen posponerse con el fin de disfrutar de un segmento de paz y de calma, una tensa calma, pero calma al fin.

El hogar se convierte en la antítesis de lo que debería ser. No se habla de nada importante, cada miembro de la pareja prefiere callar para no buscarse problemas. Cualquier broma, cualquier gesto, puede ser mal interpretado y provocar una lluvia tormentosa de reclamos que van y vienen.

De manera errada y con el deseo de rescatar toda aquella armonía perdida, cada miembro de la pareja busca ayuda de la manera equivocada: en familiares y amigos cercanos. Estos en vez de propiciar un reencuentro, suelen involucrarse en el conflicto y asumir bandos, complicando la situación. Así, ahora la abuela, la suegra, los tios, los amigos y los vecinos son parte activa del conflicto, y una situación que es estrictamente de pareja se convierte en tema familiar, social y muchas veces las discusiones acaloradas simulan un plebiscito vecinal.

El vínculo se va deteriorando. Ya no hay forma de arreglar las cosas que están mal, porque no se pueden hablar. La comunicación se ha roto, los períodos de silencio y de respuestas cortas tajantes e irónicas monopolizan las conversaciones. Los gritos, la violencia verbal, el choteo, el irrespeto y hasta la violencia física encuentran suelo fértil, mientras la pareja pierde hasta la esperanza y observa como una promesa de amor se desvanece y como su relación de pareja nutre las estadísticas sobre el divorcio.

Todo este proceso, hiere en el centro del corazón a los niños, porque con frecuencia las discusiones exceden la privacidad marital y, desgraciadamente, muchos padres los involucran y los ponen como testigos de sus discusiones y alegatos. La mente del niño se hace pedazos, porque en cada fiesta, en cada celebración, en cada cumpleaños, en cada Navidad y en cada paseo, ronda el fantasma del conflicto. La ilusión que encierra cada festividad es ensombrecida por ese temor y la fantasía suele ser amargada con una discusión más.

La vida del infante es tormentosa. Él observa como las cenas, los desayunos y el convivio cotidiano están satinados con esa hostilidad creciente. Con dolor, se percata que su papá va por un lado y su mamá por el otro, que ya no son aquellos que se profesaban cariño y que eran dignos de respeto. El infante con frecuencia pide inútilmente que no pelen y les implora que se lleven bien.

Curiosamente, muchos padres no se separan en el nombre de los hijos, porque son conscientes que una separación puede dañar de manera importante al niño. Pero a esos mismos padres no les alcanza ni esa conciencia ni ese amor por sus hijos para procurar una vida buena, llena de risas y risotadas, de armonía y festividad. Convierten el hogar en un infierno y condenan a sus hijos a vivir la infancia de manera infernal.

Eso explica tantas cosas que vemos hoy en día: adolescentes que deambulan en las calles; que hacen de los bares, de las discotecas, de los conciertos, su refugio; que esquivan a sus padres y que en la casa se encierran en el cuarto, para no presenciar el doloroso espectáculo de seres amados que se agreden sin cesar.

Son menos violentos los ritmos de Iron Maiden que mis padres, es más tranquila la Calle de la Amargura que mi hogar, es menos doloroso un piercing en la lengua que una comida con mi tata y mi mama. Esa es la realidad que se esconde detrás de tantos jóvenes que andan perdidos entre drogas, tabaco, licor, sexo desenfrenado y vagancia.

FACTORES PRONOSTICOS

Si no me quieren como quiero, para qué quiero que me quieran; censuraba el poeta.

Todos estos comentarios vertidos a lo largo de este tema en torno a la vida marital y el divorcio, de una u otra manera fueron dirigidos a las personas que ya han consumado el matrimonio, quedando un enorme vacío en torno a todas aquellas parejas que no se han casado, pero que están pensando seriamente en asumir tal responsabilidad.

La sociedad mantiene una actitud ambivalente ante el matrimonio. Lo celebra socialmente, lo alaba en público, pero entre bromas, cavilaciones y frases al aire, se refiere a él con un alto grado de pesimismo. Esto provoca un enorme desconcierto en las nuevas generaciones, que ven en el modelo de sus padres ciertas limitaciones, pero que rescatan todas aquellas virtudes que como hijos vivieron.

Nadie se casa para divorciarse o al menos nadie se casa de manera genuina para divorciarse. El divorcio es un verdadero fracaso y suele ser un auténtico golpe emocional que se lleva consigo sueños, expectativas, añoranzas y a veces hasta una familia.

Muchas personas casadas reniegan su vínculo y dicen abiertamente que su peor error fue casarse. En realidad, si el peor error de una persona fue casarse, su verdadero peor error es no divorciarse a tiempo y cuando decimos a tiempo, nos referimos antes de que el divorcio perjudique a otros, es decir antes de tener hijos, que son los que más sufren con la separación.

Al estudiar los matrimonios estables, se han logrado identificar algunas variables que están ausentes en los matrimonios problemáticos que terminan disolviéndose. A estas características el doctor Alport las denomina factores de buen pronóstico, a saber:

  1. Buenas relaciones infantiles con los progenitores. Esto es sumamente doloroso, pero los estudios indican que las personas que se expusieron a agresiones, violencia física y verbal por parte de los padres, tienden a tener matrimonios conflictivos y en ocasiones la vida marital semeja la caótica vida marital de los padres.
  2.  Adquisición temprana del conocimiento sexual. La ignorancia sexual sigue siendo un factor que corroe la vida marital. Mientras las generaciones sigan aprendiendo la sexualidad en las calles o navegando en Internet tendrán el pronóstico a cuestas. Los padres deben explicar y brindar los valores sexuales.
  3. Ausencia de diferencias pronunciadas en las actitudes emocionalmente importantes para ambos. Si no me quieren como quiero para que quiero que me quieran, censuraba el poeta.
  4. Comportamiento social armónico y semejante. La vida es para compartir. No es cierto que el caviar y la tortilla congenian, ni el mink y la mezclilla, aunque probablemente ni el caviar ni el mink congenian con el amor. Ante todo, tenemos que aprender a disfrutar y compartir en grande los gustos de ambos. No hacer acto de presencia, no cumplir con el deber, sino disfrutar a granel las actividades preferidas de cada uno.
  5. Libertad de expresión de afecto. En las parejas estables el matrimonio es entendido como un asunto emocional, en el cual el corazón tiene libertad, libertad de acariciar, de besar, de tocar, de acurrucarse, en fin de amar en todo el sentido de la palabra.
  6. Disponibilidad para confiar en la pareja. Si no hay confianza no hay pareja, esa es la piedra angular de toda relación genuina.
  7. Buena adaptación psicológica en general. La vida en pareja exige ante todo que cada uno tenga cierta estabilidad psicológica, que sepa manejar la ira, que no tenga rabietas, que puede manejar los impulsos, que no tenga problemas con el licor o las drogas mayores, que sepa manejar las finanzas, en fin, que tenga la madurez de un adulto, porque el matrimonio no es un juego de niños.
  8. Consentimiento para posponer el matrimonio hasta que ambos se conozcan mejor. Los matrimonios antojadizos, a la carrera, que responden más a Cupido que a un vínculo amoroso estable tienden a evolucionar de manera tórpida.
  9. Expectativas reales sobre la vida marital. Las parejas que viven intensamente la vida marital han entendido que este vínculo es un proyecto de vida y no una forma de evadir la vida, ya sea para evitar los estudios, para salir de un hogar problemático, para complacer a los padres, para evitar la soledad. Las parejas estables saben a lo que van y entienden las delicias y placeres que derivan de las responsabilidades.

 

También se ha encontrado que son más estables los matrimonios que se dan después de la segunda década de la vida es decir después de los veinte años. Algunos autores señalan además que el pronóstico es mayor si los hijos llegan después de dos años de vida marital.

VINCULOS  VITALIZADOS

Hemos abordado el tema de la relación de pareja, debido a que las estadísticas nacionales reportan que el índice de divorcios va en aumento y casi al son de los precios del petróleo alcanza cifras record.

Quizás el mayor problema que tenemos en nuestra sociedad es que este tipo de indicadores no pasan de ser simplemente una noticia, y al igual que muchas estadísticas, no se acompaña de una respuesta social, gubernamental o ciudadana, en aras de modificar tan caótica situación.

Decíamos que la principal causa de separación reside en que el vínculo nunca debió consumarse, es decir, que muchas parejas toman a la ligera la idea de casarse, cuando la relación no esta para dar ese gran paso. En algunas situaciones es un embarazo no deseado el catalizador de esta decisión, en otras el deseo de salir del hogar, y también figuran aquellos que en pleno estado de enamoramiento optan en cuestión de unos meses en consolidar el vínculo "para siempre".

Ante este panorama surge la pregunta, ¿cuando puede realmente una pareja optar por casarse?, ¿en que situaciones es congruente con la realidad crear un vinculo así de estable? Si bien, son muchos los factores que hay que tomar en cuenta, y no hay una directriz que nos asegure el éxito marital, si es cierto que hay ciertos parámetros que nos pueden ayudar a encontrar la respuesta.

En general se afirma que las parejas que optan por la vida marital habiendo tenido noviazgos muy cortos tienen mayor posibilidad de separarse, por eso, se recomienda al menos dos años de noviazgo antes de optar por el matrimonio. Durante este periodo, si las parejas han mantenido vida sexual es fundamental que cuenten con un método anticonceptivo de alta eficacia, que les permita llevar una actividad sexual intensa, placentera y sobre todo lejos del temor de un embarazo.

A lo largo de este periodo de noviazgo hay varias características que indican que el vínculo da para más, que se puede ir pensando en el matrimonio. Así Goldman señala que las relaciones son más sólidas cuando cada miembro de la pareja expresa como suyas los siguientes postulados:

1. Mi pareja busca que le de mi opinión.
2. A mi pareja le importan mis sentimientos.
3. No es frecuente que me sienta ignorado.
4. Nos escuchamos mutuamente.
5. Cada quien respeta las ideas del otro.
6. Lo que digo importa.
7. Soy importante en nuestras decisiones.
8. Incluso en momentos difíciles podemos empatizar.
9. Mi pareja es considerada en cuanto a mis puntos de vista.
10. Mi pareja me admira.
11. Somos buenos amigos.
12. Me encanta pasar con mi pareja.
13. Tenemos un interés genuino el uno por el otro.

Desde el punto de vista sexual, el pronostico se magnifica cuando ambos miembros de la pareja se identifican con los siguientes postulados:

1. Mi pareja me expresa calidez.
2. Mi pareja me encuentra físicamente atractivo.
3. Nos tocamos mucho uno al otro.
4. Somos afectuosos.
5. Hay mucho amor en nuestra relación.
6. Sexualmente tratamos de gratificarnos.

Es claro que muchas parejas llevan noviazgos superficiales, distantes y a veces tormentosos y bajo ese contexto optan por la vida marital, asumiendo un enorme riesgo de separación.

 

CONSEJOS MARITALES

Para la ciencia no basta con describir el problema, no basta con conocer los detalles y las características que acontecen en estas parejas que claudican, lo verdaderamente importante es brindar directrices que permitan mitigar esta problemática.

Por eso, es de capital importancia señalar que las parejas costarricenses realmente no enfrentan problemas devastadores, que no son los problemas lo que acaban con un matrimonio, curiosamente, lo que destruye cientos de hogares es la forma violenta, inmadura y caótica con la que se abordan esos problemas.

Es decir es más peligroso el remedio que la cura, así una desavenencia simple suele ser manejada de tal forma que genera rencores, disputas y distanciamientos, por eso, el eje medular de cualquier asesoría en materia de pareja reside en enseñar a las parejas a discutir, sin que en el intento se lesione el vinculo.

A continuación se detalla algunas de esas recomendaciones cardinales que pueden resultar sumamente efectivas en el manejo de los conflictos maritales:

  1. Sea concreto, ante todo hay que limitarse a abordar el tema que suscita el conflicto y evitando abordar otros problemas, sobre todo aquellos que sucedieron en el pasado y que no guardan relación con la situación actual.
  2. Mantenga la privacidad, las discusiones de pareja son de pareja, no incluya dentro de la discusión a terceras personas como familiares o amigos.
  3. Si se necesita una tercera opinión busque ayuda profesional, ya sea en psicólogos, médicos, consejeros o lideres religiosos o espirituales.
  4. No mencione vínculos, parejas, amantes o conyugues previos bajo ninguna circunstancia. La comparación es nociva y genera fuertes resentimientos.
  5. No apele al sarcasmo, a la ofensa, a la agresión verbal, ni al choteo o la burla, estos recursos le restan efectividad a la comunicación como elemento para resolver problemas o disputas.
  6. Por ninguna razón inmiscuya a sus hijos, en términos emocionales es demasiado estresante para todos presenciar las disputas de los padres.
  7. No intente que sus hijos lo apoyen, el crear bandos destrozan la unidad del hogar, creando resentimientos y disminuye la confianza entre los diferentes miembros de la familia.
  8. No utilice las discusiones como una forma de descargarse. El objetivo ante todo tiene que ser el deseo de ambos por resolver la situación en disputa y no en descargar la tensión acumulada. Escoja el momento en que no este enojado, molesto o irritable.
  9. Nunca discuta en momentos íntimos. Los problemas no se discuten a la hora de comer, ni en la cama ni en situaciones recreativas como fiestas o paseos.
  10. Nunca se discute en situaciones de por si tensas o agoviantes, como en el trabajo, o cuando se conduce, cuando hay visitas o en situaciones publicas donde otros pueden enterarse.
  11. Nunca se vaya a la cama disgustado con su pareja. Una mala noche, espalda con espalda, representa toda un sismo emocional para el vínculo.
  12. Aprendan a cumplir los compromisos de solución de conflictos. Lo que se acuerda en estas conversaciones tiene que cumplirse, de lo contrario, no tiene ningún sentido sentarse a conversar o discutir.
  13. Si los problemas importantes no se resuelven porque las soluciones no se cumplen, se debe acudir de inmediato a un profesional en conducta humana.
  14. No juegue al psicólogo. No trate de explicar racionalmente lo que hace su pareja. Frases como "Usted lo que tiene es un complejo", "siempre has sido compulsiva", se entienden en lo arduo de una discusión como una ofensa y no como una análisis real de la situación.
  15. No haga comentarios sobre las aptitudes sexuales de la pareja. "es que tu no sirves en la cama por eso es que yo grito", "como no voy a estar tenso, si tu nunca quieres".
  16. No compare a la pareja con los suegros. "Mi papa si es responsable no como tu", "porque no aprendes de mama que siempre me comprende".
  17. No postergue las conversaciones hasta el punto que la situación sea inmanejable.
  18. Ante la primera agresión física o verbal se debe consultar de inmediato con un profesional en conducta humana.
  19. Los estudios indican que la violencia en estas condiciones suele ir en ascenso.

Entiéndase que estos consejos son directrices para aquellas parejas que tienen el firme deseo de llevarse bien, que desean que la relación funcione y que por inexperiencia estén enfrentando situaciones caóticas dentro del vínculo. Pero estos consejos no tienen cabida en los vínculos donde ya se perdió el amor, o donde nunca existió. No son útiles para aquellas parejas que se casaron por motivos ajenos al sentimiento.

 

 

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