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BOLETIN DE SALUD MENTAL
¿Cómo influye la “alegría del encuentro” en la salud mental?

Dr. Winston Villamar, Ph. D. Febrero de 2010

“Tanto me alegro de encontrarme contigo que cuando no estás sigues estando en la alegría del recuerdo de nuestros encuentros”


 

Sin intenciones de caer en un reduccionismo moralista parroquial enunciando una perogrullada, sí deseo introducir bajo el criterio de la ética universalista la pregunta sobre si han sido las películas las que han inducido la violencia en la cultura norteamericana, o ha sido al revés, que aquellas no hacen más que revelar caricaturísticamente una realidad ya existente; igual para el rebajamiento del lenguaje y la exposición de las intimidades. En todo caso, por la importancia del país del norte, el tema de la imitación cultural no puede pasar desapercibido en las costumbres y la concepción de la salud mental en dichas costumbres. ¿Qué tiene que ver esto con el tema del presente boletín? Dicho de manera simple, pero no simplista, el que la influencia de lo que percibimos tiene una fuerza inmensa como marcadora de nuestra conducta cotidiana. Visto desde el escorzo contrario, podríamos levantar la pregunta si los encuentros que tenemos diariamente (en el hogar, la calle, la oficina, la fábrica, etc.) influirán o no en nuestra salud mental. La respuesta de mi parte es que sí y en gran manera.

Habiendo realizado el salto de lo cultural-social a lo cultural-personal, la propuesta es que solamente la alegría del encuentro puede contribuir para nuestra salud mental. Y esa alegría se da cumpliendo algunos requisitos:

1. El que nuestra mente no quede intoxicada con imágenes de violencia, términos que insulten nuestra inteligencia lingüística, o nos dejen inquietos en cuanto a nuestra realidad personal.

2. El que nuestras emociones no resientan el encuentro debido a agresividad manifiesta o explícita, activa o pasiva, de parte de quien "nos encuentra" en la circunstancia.

3. Cuando la persona con quien nos encontramos nos saluda antes que nada con la mirada abierta y graciosa de un ser generoso en su vivencialidad.

4. Como contraparte, cuando nosotros estamos listos de manera espontánea a dar el mensaje, verbal o no, de alegría por "encontrarnos" con la otra persona.

5. Cuando descubrimos que cada momento de encuentro no es más que una oportunidad para ejercer la sabiduría del momento en su realidad plena, y no tenemos temor a un romanticismo pragmático como parte de una comunidad nacida para ser feliz.

6. Si es que la amenaza a la alegría del encuentro es prevenida por parte de nosotros en el sentido de la predisposición a alegrarnos simplemente porque el otro existe, y punto.

7. Cuando la violencia contra dicha alegría es contrarrestada por el acuerdo tácito que sugiere que cualquier discrepancia puede ser arreglada mediante el diálogo transaccional, inteligente y bien intencionado.

8. Si a la mirada feliz por el encuentro siguen otras manifestaciones mínimas pero que van dejando la huella de lo que puede esperarse a través del tiempo.

9. Si dicho encuentro no solamente es alegre per se sino que está respaldado por un carácter y una conducta que afirma la genuinidad del dador de dicha alegría.

10. Si el primer ejercicio del encuentro con alegría se da cada mañana ante el espejo y nos saludamos sin saludarnos, para desearnos ser felices y alegres en los pequeños y grandes eventos del hoy de nuestra vida cotidiana.

 

Atentamente,

Dr. Winston Villamar.

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