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APETITO SEXUAL

En nuestra cultura de occidente, el sexo fue concebido en un sentido exclusivamente reproductivo, y al menos en el caso de la mujer era mal visto que la mujer disfrutara del sexo.
 
Al sexo se anexó de manera definitiva su función placentera, y fue entendido como un puente de unión y estabilidad para las parejas. La presencia del deseo sexual se convirtió en una condición esencial para el vínculo afectivo.
 
Bajo estas condiciones, es que a diario vemos muchas mujeres que consultan porque no logran experimentar el deseo sexual. En ellas el apetito, las ansias, las ganas de mantener un acercamiento sexual están ausentes y en algunos casos, más bien hay repulsión a toda experiencia erótica.
 
Desde luego, las repercusiones maritales de esta disfunción son enormes. El varón experimenta este problema como un fuerte rechazo personal y con frecuencia afloran los conflictos y enfrentamientos que tienden a alejarlo, y no en menos ocasiones, a pensar en falsas salidas como la infidelidad.

Afortunadamente, el deseo sexual inhibido en la mujer, ha sido estudiado de manera vasta. Hoy sabemos, que hasta un 50% de los casos tienen origen hormonal. Las glándulas encargadas de producir las sustancias hormonales responsables del deseo, están alteradas y en la mayoría de los casos, esta alteración la podemos revertir con tratamientos simples.

La glándula tiroides, la hipófisis y el ovario, figuran como las glándulas alteradas con mayor frecuencia en estas pacientes.

En las mujeres en que no documentamos ninguna alteración hormonal, procede analizar si el problema es reciente o lo ha padecido toda la vida. En el primer caso, usualmente encontramos cambios importantes en la vida de la paciente, que explican de manera sobrada su repentina pérdida del deseo, como la muerte de un ser querido, problemas económicos severos, situaciones laborales de estrés, crisis maritales, etc. Desde luego el tratamiento va dirigido a resolver la causa de fondo.

Si el problema es de larga data, o estuvo presente desde el inicio de la vida sexual, con frecuencia responde a una educación errática, que le brindó a la mujer una visión distorsionada de la sexualidad, donde el deleite sexual se entiende como algo sucio, degradante o pecaminoso. En estos casos, el abordaje terapéutico suele resultar sumamente exitoso, aunque requiere de un tiempo mayor.

 

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