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6 factores de la pareja exitosa
3. Los proyectos personales y la vida marital

Antes y después de casados

El matrimonio nunca debe ser motivo para suspender los proyectos personales. Los estudios, el trabajo, el cuidado de la salud, deben mantenerse a lo largo de la vida. La vida no termina cuando una persona se casa, al contrario, inicia una nueva fase en la que se cuenta con el apoyo de una persona que nos quiere para llevar a buen término todos esos proyectos.


Cuando observamos a las parejas vitalizadas, aquellas que lograron formar familias totalmente funcionales; nos damos cuenta que una de las características más sobresalientes, es que ambos miembros de la pareja persistieron a lo largo del tiempo con sus proyectos personales.

Así, aun cuando para ambos la vida en común era primordial, cada uno continuó con sus metas y aspiraciones en las diferentes facetas de la vida. El cuidado de la salud, la conclusión de los estudios, el cumplir con las faenas laborales y económicas, se ha conservado a lo largo de la vida marital.

En contraposición, en las parejas desvitalizadas, el matrimonio o la cohabitación se asumen como un fin en sí mismo. Estas parejas aceptan un destino inexorable, al estilo de “y vivieron muy felices para siempre”, de tal manera que ya nada les preocupa y abandonan el crecimiento individual.

Particularmente, estas actitudes se evidencian en las mujeres, que al casarse, con frecuencia dejan los estudios, ya sea la secundaria o la carrera universitaria. Si ya eran profesionales, dejan de trabajar.

De  igual manera, el cuidado físico se descuida. No se hace deporte, se aumenta de peso y se olvida que uno cuida su apariencia personal y su vestimenta en todo momento y no solo en las actividades extrahogareñas. Esto es particularmente cierto en los hombres.

Con el paso del tiempo y debido a ese estancamiento en múltiples áreas, es común que se culpe al matrimonio por lo sucedido: “Desde que me casé, no hago ejercicio”, “ Yo antes jugaba martes y viernes, y  corría los domingos, pero ahora con la doña ¡Qué va!”, “Yo dejé de estudiar desde que me casé.” Estos son algunos de los comentarios que surgen de manera escapista, sin comprender que la vida en pareja no es un impedimento para el crecimiento personal.

El repudio marital se acentúa aun más cuando sucede una separación, porque suele ser el momento en que se uno o ambos se percatan de lo que han descuidado. La vida les pasa la factura a su negligencia: el descuido de su apariencia, les hace más difícil encontrar y crear un nuevo vínculo. Se arrepienten de haber dejado los estudios o de sus renuncias laborales, porque es más difícil rehacer la vida con el nivel laboral que poseen.

Hoy, más que nunca, debemos entender la relación de pareja como un vínculo que propicia el crecimiento, tanto de la pareja, como de la familia. La relación de pareja nunca debe ser un motivo ni excusa para abandonar los propósitos en el plano personal.

 


 

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